martes, 16 de diciembre de 2008

Ítaca

Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.
No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Poseidón.

Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.
Los lestrigones y los cíclopes
y el feroz Posidón no podrán encontrarte
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.

Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.
Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
y perfumes placenteros de mil clases.
Acude a muchas ciudades del Egipto
para aprender, y aprender de quienes saben.

Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.
Mas no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.

No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ellas, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.

Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.

Por más de 3000 años el maravilloso relato de Homero que narra el viaje de regreso de Ulises (u Odiseo, en su nombre griego) a su hogar ha apasionado a miles de generaciones. Las aventuras del héroe, la fidelidad de su esposa Penélope, quien lo esperó resistiendo múltiples peticiones de matrimonio, todo el imponente mural donde los dioses y los humanos se entremezclaban, el riquísimo simbolismo de la obra, todo ha hecho de La Odisea una obra “inmortal”, (aunque, por supuesto, no hay realmente nada inmortal en nuestro mundo conocido).Después de muchas viscicitudes y escapes casi milagrosos y aventuras de naturaleza sobrenatural Odiseo regresó a su isla de Ítaca donde se reunió con su esposa Penélope y su hijo Telémaco. Sin embargo, en la mente de quienes han vivido después, se le ha dado a Ítaca un significado diferente a la tierra a la cuál uno regresa a ser feliz. El poeta griego Constantino Kavafis, por ejemplo, ha hecho de Ítaca el sitio donde todos regresamos a morir.


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